8 nov. 2013

César tiene 34 años, está casado y tiene un niño de dos años.
Su último trabajo estable lo desempeñó en una empresa dedicada a la instalación de plantas de energía fotovoltaica. Era encargado.
Desde entonces ha entrado en la rueda de la precariedad y no hay forma de conseguir un trabajo estable. De vez en cuando le llaman de alguna empresa de ETT para realizar algún trabajo que nunca puede durar  más de un año seguido porque es lo máximo que permite la ley. Llegado a este tope es sustituido por otro trabajador y él pasa de nuevo a las filas del paro. En la empresa en la que trabaja actualmente lo despiden el día 11 de octubre por llegar al tiempo límite de los 12 meses. Con el tiempo acumulado hasta ahora no puede cobrar el paro. No va a entrar ningún ingreso en su casa.
Donde va, muchas veces le toca hacer los trabajos que no hacen los trabajadores de la empresa; no se valora los conocimientos que tiene ni los puestos que ha desempeñado. Esta situación le provoca muy baja autoestima, mucha preocupación y tensiones que luego paga con los que tiene más cercanos. Lo peor es que no ve una salida, tal y como está el panorama actual.

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